Empleado, explotado y estresado

Las organizaciones que abusan de su capital humano, crean historias de explotación laboral que carecen de final feliz

Para muchas personas, tener un empleo actualmente es un activo. Una oportunidad que hay que cuidar y aprovechar al máximo.
Sin embargo, para otras también es sinónimo de explotación y abuso. Revisemos un poco el fenómeno, en la voz de un trabajador que bien podrías ser tú:

Primer acto

Este año mi empresa “ajustó personal”, en realidad es un eufemismo para referirse al último recorte. Por fortuna no me tocó.
Al principio fue difícil hacerse a la idea. Aún se siente la ausencia de algunos compañeros.
El trabajo siguió igual, sólo que ahora somos menos manos. En todas las áreas, los gerentes se pusieron las pilas y distribuyeron el trabajo entre los que sobrevivimos.
La verdad, conservar mi trabajo, me hace sentir más ligado a la organización. Creo que ahora debo ser más leal y responsable, porque tener chamba en esta época ¡es una bendición!
Además…. todavía tengo algunas deudas… las escuelas de los niños, el mantenimiento de la casa, la tarjeta de crédito… ¡las vacaciones de semana santa! Definitivamente, no puedo darme el lujo de perder este trabajo.

Segundo acto

Últimamente mi supervisor es más exigente. Lo entiendo, todos estamos estresados, pero… a veces me parece que está perdiendo la motivación.
De hecho, yo también me siento un poco desmotivado. Ya no es igual… la incertidumbre y el miedo al siguiente recorte, me están robando el sueño. ¡Tengo que demostrar que soy necesario! In-dis-pen-sa-ble.
Las cosas en la empresa se complican. Ahora trabajo casi diez horas diarias y a penas termino mis tareas.
Los últimos fines de semana, me he llevado trabajo a casa. Empiezo a acostumbrarme a hacerlo mientras veo de reojo los partidos de fútbol.
¿Qué si me pagan horas extras? ¡N’ombre! Si apenas estamos sacando para cubrir los sueldos… ya ni pensar en PTU… ¡adiós al pavo de diciembre!

Tercer acto

Estoy cansado. Cada mañana es más complicado dejar la cama. Me duele la espalda y la cabeza.
Creo que es porque no como bien. Ya descubrí que si como en mi escritorio ahorro tiempo para seguir avanzando. Es una buena opción, aunque me gustaría poder salir a estirar las piernas de vez en cuando.
El trabajo sigue igual de pesado. Pensé que sería sólo temporal, pero no acabo. El jefe me sigue atiborrando de tareas y ahora sí está francamente desquiciado. ¡Todo le urge!
Sigo trabajando los domingos y ya no veo el fút.

Tu final

No escribiré el final de este post, en cambio, te propongo que me ayudes a terminar la historia como mejor te parezca.
Se vale de todo: integrar a más personajes, cambiar de escenario, adelantar el tiempo. ¡Tú mandas!
¿Por qué ponerle un final alternativo? Porque pienso que ya es momento de irle poniendo término a este tipo de historias, ¿no lo crees?

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